21 de septiembre
El conocimiento de tu indignidad y de tu monstruosidad interior es una luz purísima de la divinidad, que pone a tu consideración tu ser y la capacidad de cometer toda clase de delitos si te falta la gracia. Esta luz es un gran regalo de la misericordia divina, y fue concedida a los santos más excelsos, porque pone al alma a cubierto de todo sentimiento de vanidad y de orgullo y fortalece la humildad, que es el fundamento de la auténtica virtud y perfección cristiana. Santa Teresa tuvo también este conocimiento, y dice que es tan doloroso y horrible como para causar la muerte, si el Señor no sostiene el corazón.
El conocimiento de la indignidad potencial no se debe confundir con el de la indignidad actual. El primero hace a la criatura aceptable y grata a los ojos del Altísimo; el segundo la vuelve detestable, porque es el reflejo de la iniquidad presente en la conciencia. Tú, en la oscuridad en que te encuentras, confundes el primero con el segundo y, del conocimiento de lo que podrías ser, temes que ya eres aquello que en ti es sólo una posibilidad.
(20 de marzo de 1918, a Antonietta Vona, Ep. III, 847)


