365 Con los Santos 21-Mar

21 de marzo

La gran herencia

El  sacrificio  celeste  instituido  por  Cristo  constituye  efectivamente  la  rica  herencia  del Nuevo Testamento que el Señor nos dejó, como prenda de su presencia, la noche en que iba a ser entregado para morir en la cruz.

Este es el viático de nuestro viaje, con el que nos alimentamos y nutrimos durante el camino de esta vida hasta que saliendo de este mundo lleguemos a él; por eso decía el mismo Señor: Si no coméis mi carne y no bebéis mi sangre, no tenéis vida en vosotros. Quiso,  en  efecto,  que  sus  beneficios  quedaran  entre  nosotros,  quiso  que  las  almas,

redimidas por su preciosa sangre, fueran santificadas por este sacramento, imagen de su pasión;  y  encomendó  por  ello  a  sus  fieles  discípulos,  a  los  que  constituyó  primeros sacerdotes  de  su  Iglesia,  que  siguieran  celebrando  ininterrumpidamente  estos  misterios de  vida  eterna;  misterios  que  han  de  celebrar  todos  los  sacerdotes  de  cada  una  de  las iglesias de todo el orbe, hasta el glorioso retorno de Cristo. De este modo los sacerdotes, junto con toda la comunidad de creyentes, contemplando todos los días el sacramento de la pasión de Cristo, llevándolo en sus manos, tomándolo en la boca y recibiéndolo en el pecho, mantendrán imborrable el cuerdo de la redención.

El pan, formado de muchos granos de trigo convertidos en flor de harina, se hace con agua  y  llega  a  su  entero  ser  por  medio  del  fuego;  por  ello  resulta  fácil  ver  en  él  una imagen del cuerpo de Cristo, el cual, como sabemos, es un solo cuerpo formado por una multitud de hombres de toda raza, y llega a su total perfección por el fuego del Espíritu Santo.

(De los tratados de san Gaudencio de Brescia)

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio