2 de octubre

Camina siempre, mi buena hija, al mismo paso, y no te inquietes si este te parece lento; si tu intención es buena y decidida, no cabe más que caminar bien. No, mi queridísima hija, para el ejercicio de las virtudes no es necesario estar siempre, y de forma expresa, atenta a todas; esto sin duda enredaría y complicaría demasiado tus pensamientos y tus afectos.

En resumen, puedes y debes estar tranquila, porque el Señor está contigo y es Él el que obra en ti. ¡No temas por encontrarte en la barca en la que Él duerme y te deja! Abandónate totalmente en los brazos de la divina bondad de nuestro Padre del cielo y no temas, porque tu temor sería tan ridículo como el que pueda sentir un niño en el regazo materno.

(18 de mayo de 1918, a Maria Gargani, Ep. III, 315)

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