2 de octubre
¡No os dejéis robar la esperanza!
Para defender este sistema económico idolátrico se instaura la «cultura del descarte»: se descarta a los abuelos y se descarta a los jóvenes. Y nosotros debemos decir «no» a esta «cultura del descarte». Debemos decir: «¡Queremos un sistema justo!, un sistema que nos haga salir a todos adelante». Debemos decir: «Nosotros no queremos este sistema económico globalizado, que nos daña tanto». En el centro debe estar el hombre y la mujer, como Dios quiere, y no el dinero.
Yo había escrito algunas cosas para vosotros, pero viéndoos me han salido estas palabras. Pero he preferido deciros lo que me sale del corazón contemplándoos en este momento. Mirad, es fácil decir que no perdáis la esperanza. Pero a todos, a todos vosotros, a quienes tenéis trabajo y a quienes no tenéis trabajo, digo: «¡No os dejéis robar la esperanza! ¡No os dejéis robar la esperanza!». Tal vez la esperanza es como las brasas bajo las cenizas; ayudémonos con la solidaridad, soplando en las cenizas, para que el fuego salga otra vez.
Discurso, 22 de septiembre de 2013



