25 de septiembre
Educar en la esperanza
[Los evangelios, una vez muerto Jesús, nos dicen que] la mayoría [de los apóstoles] estaban tristes, encerrados por miedo al ataque de los mismos que habían matado a Jesús, por miedo que les pasara a ellos lo que le había pasado al Señor. Tenían miedo, dice el evangelio. Tenían las puertas cerradas y entre ellos conversaban: «Qué pena que se murió»… «No, fíjate que unas mujeres fueron a la mañana y lo vieron»… o «vieron unos ángeles»… Y el comentario era confuso: «Están mal de la cabeza», «vieron visiones», «no es verdad» y así se iban enredando en ese microclima de miedo, susto, frustración y desesperanza. Los apóstoles, esa tarde, constituyeron la primera comunidad de cristianos sin esperanza hasta que aparece el Señor y con su presencia disipa todo ese mundillo de dudas, miedos y habladurías, y pone las cosas en su sitio. Esto me plantea una pregunta: ¿Estamos educando en la esperanza? ¿Estamos educando para la esperanza? O, ¿repetimos el microclima de esa mañana, de esa tarde dentro de la casa donde estaban los discípulos? ¿Sabemos educar en esperanza?
Homilía, 14 de abril de 2010



