19 de septiembre
A mí me parece que el alma, cuanto más rica se ve, más motivos tiene para humillarse ante el Señor, porque los dones del Señor aumentan y ella no podrá nunca complacer plenamente al dador de todo bien. Y, además, tú en particular, ¿de qué te glorías? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si todo lo que tienes lo has recibido, ¿de qué te glorías, casi como si fuera algo tuyo?
Oh, repítete a ti misma cuando el tentador quiera conseguir que te engrías: todo lo que en mí hay de bueno lo he recibido de Dios en préstamo; gloriarme de lo que no es mío sería una estupidez. Haz de este modo y no temas.
(30 de enero de 1915, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 321)


