• 24 de noviembre

Prisioneros del amor

Somos prisioneros del amor, porque cuando uno ama es prisionero de ese amor que tiene. Porque cuando uno se deja amar es prisionero de ese amor. Ese amor que viene de arriba, gratuito, regalado, sin ningún mérito de nuestra parte. ¡A ver: levante la mano quien mereció el amor de Dios! ¡Vamos, arriba! ¿Ah qué bonito, eh? ¡No, no, no! ¡Vosotros no sois cristianos! Nosotros no merecemos nada. Es todo regalo, todo gracia.

Homilía, 4 de junio de 2011

Desplazamiento al inicio