- 19 de noviembre
La indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar
«Adán, ¿dónde estás?», «¿Dónde está tu hermano?», son las preguntas que Dios hace al principio de la humanidad y que dirige también a todos los hombres de nuestro tiempo, también a nosotros. Pero me gustaría que nos hiciésemos una tercera pregunta: «¿Quién de nosotros ha llorado por este hecho y por hechos como este?» [refiriéndose a la tragedia de la inmigración clandestina que se cobraba la vida de más inmigrantes en la isla italiana de Lampedusa]. ¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos? ¿Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias? Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de «sufrir con»: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar! En el evangelio hemos escuchado el grito, el llanto, el gran lamento: «Es Raquel que llora por sus hijos… porque ya no viven». Herodes sembró muerte para defender su propio bienestar, su propia pompa de jabón. Y esto se sigue repitiendo…
Pidamos al Señor que quite lo que haya quedado de Herodes en nuestro corazón; pidamos al Señor la gracia de llorar por nuestra indiferencia, de llorar por la crueldad que hay en el mundo, en nosotros, también en aquellos que en el anonimato toman decisiones socio-económicas que hacen posibles dramas como este. «¿Quién ha llorado?». ¿Quién ha llorado hoy en el mundo?
Homilía, 8 de julio de 2013



