• 18 de noviembre

El peligro del egoísmo

¡Abrid el corazón a la vida!, porque el egoísmo de la muerte, la cultura de la muerte egoísta, es como el yuyo del campo, ese yuyo, la gramilla o la casia negra, o la cicuta, va creciendo, va invadiendo y mata los árboles, mata los frutos, mata las flores, mata la vida. La maleza.

Acordaos que una vez Jesús habló de eso, dijo: «Cuando la semilla que es vida, cae en medio de las malezas, las espinas la ahogan», las espinas del egoísmo, de las pasiones, del querer todo para uno. La vida es siempre dar, darse, y cuesta cuidar la vida ¡vaya si cuesta!, cuesta lágrimas.

Homilía, 31 de agosto de 2005

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