• 28 de octubre

Antes me asustaba mucho que los demás supieran lo que el Señor obra en mí; pero, desde hace algún tiempo, ya no siento esta confusión, porque veo que, no por recibir estos dones, yo soy mejor; incluso me veo peor y que saco poco provecho de todas estas gracias. Tal es el concepto que tengo de mí mismo que no creo que puedan existir otros peores que yo; y cuando veo en otros ciertas cosas que parecen ser pecado, no puedo convencerme de que hayan ofendido a Dios, aunque yo vea con claridad que es así. Sólo me preocupa el mal colectivo, que con frecuencia me hace sufrir muchísimo.

Esto es lo que de ordinario experimenta mi alma; pero algunas veces, aunque raramente, me sucede que, por distintos espacios de tiempo e incluso durante días, me veo privado de estos favores; y, de tal forma se borran de mi mente, que no logro recordar, como realizado en mí, ni el más pequeño bien. Me parece que mi alma está totalmente envuelta en tinieblas y que no logra acordarse de nada.

(1 de noviembre de 1913, al P. Benedetto da San Marco in Lamis, Ep. I, 420)

Desplazamiento al inicio