• 26 de octubre

Hambrientos de eternidad

La oración es ese «camino real» que abre a las profundidades del misterio de Dios Uno y Trino. Pero es también el sendero obligado que se despliega en medio del pueblo de Dios peregrinante en el mundo hacia la Tierra Prometida.

Uno de los caminos más bellos para entrar en la oración pasa a través de la palabra de Dios. La lectio divina introduce a la conversación directa con el Señor y entreabre los tesoros de la sabiduría. La amistad íntima con Aquel que nos ama nos hace capaces de ver con los ojos de Dios, de hablar con su Palabra en el corazón, de conservar la belleza de esta experiencia y de compartirla con quienes están hambrientos de eternidad.

El regreso a la sencillez de una vida centrada en el Evangelio es el desafío para la renovación de la Iglesia.

Mensaje, 22 de agosto de 2013

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