20 de octubre
El diálogo hace libres
«Yo soy la puerta», afirma Jesús (Jn 10,7): yo soy, por tanto, el portal de acceso a todos los hombres y a todas las cosas. Sin pasar a través de Cristo, sin concentrar en Él la mirada de nuestro corazón y de nuestra mente, no entenderemos nada del misterio del hombre. Y así, casi de forma inadvertida, nos veremos obligados a imitar del mundo nuestros criterios de juicio y de acción, y cada vez que nos acerquemos a nuestros hermanos en humanidad seremos como esos «ladrones y salteadores» de los que habla Jesús en el evangelio (cf Jn 10,8). De hecho, también el mundo, a su modo, está interesado en el hombre. El poder económico, político, mediático, necesita del hombre para perpetuarse e inflarse a sí mismo. Y por eso a menudo trata de manipular a las masas, de inducir deseos, de eliminar lo más precioso que el hombre posee: la relación con Dios. El poder teme a los hombres que están en diálogo con Dios porque eso les hace libres y no asimilables.
Mensaje, 19 de agosto de 2013



