- 18 de octubre
En esta situación, ¡qué bien comprende mi alma lo que se dice en los salmos: «Desfallece mi espíritu»!; «Me consumo ansiando tu salvación».
Sólo tú, Señor mío, sabes qué gran sufrimiento es este para el alma que te busca. Sin embargo, por tu amor, ¡mi alma sobrellevaría con paz este sufrimiento, si supiera que tampoco en esta situación es abandonada por ti, fuente de eterna felicidad!…
¡Ah!, tú comprendes bien el cruel martirio que supone para esta alma ver las graves ofensas que en estos tristísimos tiempos cometen los hijos de los hombres, y la ingratitud horrenda con la que es correspondida tu entrega amorosa, y la poca o nula importancia que estos ciegos dan al hecho de perderte.
¡Dios mío, Dios mío! Se puede decir también que estos ya no se fían de ti, porque tan descortésmente os niegan el tributo de su amor. ¡Ay de mí!, Dios mío, ¿cuándo llegará el momento en que esta alma vea restablecido tu reino de amor?… ¿Cuándo pondrás fin a mi sufrimiento?…
(17 de octubre de 1915, al P. Agostino da San Marco in Lamis, Ep. I, 674)


