• 13 de octubre

Es increíble el valor que daba san Jerónimo a la lectura de los libros santos. A Salvina le recomienda que tenga siempre a mano libros devotos, porque estos son un fuerte escudo para rechazar todos los pensamientos malvados con los que es atacada la edad juvenil. A san Paulino le inculca lo mismo: «Siempre –dice él– esté en tus manos el libro sagrado que dé alimento a tu espíritu con la lectura devota». A la viuda Furia le insinúa que lea con frecuencia las sagradas escrituras y los libros de aquellos doctores, cuya doctrina es santa y sana, para que no tenga que cansarse al elegir, entre el lodo de los falsos documentos, el oro de las santas y sanas enseñanzas. A Demetria le escribe así: «Ama la lectura de las sagradas escrituras si quieres ser amada por la sabiduría divina, si quieres ser custodiada y poseída por ella. Antes, te embellecías de diversos modos –agrega aquí enseguida el santo doctor–, llevabas alhajas en el pecho, gargantillas en el cuello, joyas preciosas en las orejas. En el futuro las sagradas lecturas sean tus alhajas y tus joyas, con las que adornes tu espíritu con pensamientos santos y con afectos devotos».

 

(28 de julio de 1914, a Raffaelina Cerase, Ep. II, 138)

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