- 11 de octubre
El tesoro que todos buscan
Hay que volver a tomar en consideración la sacralidad del hombre y al mismo tiempo decir con fuerza que es solo en la relación con Dios, es decir, en el descubrimiento y en la adhesión a la propia vocación, donde el hombre puede alcanzar su verdadera estatura. La Iglesia, a la que Cristo confió su palabra y sus sacramentos, custodia la mayor esperanza, la posibilidad más auténtica de realización para el hombre, en todas las latitudes y en todos los tiempos. ¡Qué gran responsabilidad tenemos! (…). No solo a las iglesias y a las parroquias, por tanto, sino a todos los ambientes, llevemos el perfume del amor de Cristo (cf 2Cor 2,15).
A las escuelas, a las universidades, a los lugares de trabajo, a los hospitales, a las cárceles; pero también a las plazas, a las calles, a los centros deportivos y a los locales donde la gente se encuentra. ¡No seamos avaros al donar lo que nosotros mismos hemos recibido sin mérito alguno! No debemos tener miedo de anunciar a Cristo tanto en las ocasiones oportunas como en las inoportunas (cf 2Tim 4,2), con respeto y con franqueza.
Mensaje, 19 de agosto de 2013



