4 de septiembre

La Iglesia es una buena madre

El Salmo nos dice: «Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos» (Sal 132,1). (…) Acoger con magnanimidad. Que vuestro corazón sea tan grande como para saber acoger a todos los hombres y las mujeres que encontraréis a lo largo de vuestras jornadas y que iréis a buscar cuando os pongáis en camino en vuestras parroquias y en cada comunidad. Desde ahora preguntaos: los que llamen a la puerta de mi casa, ¿cómo la encontrarán? Si la encuentran abierta, a través de vuestra bondad, vuestra disponibilidad, experimentarán la paternidad de Dios y comprenderán cómo la Iglesia es una buena madre que siempre acoge y ama.

Discurso, 19 de septiembre de 2013

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