- 27 de octubre
Todas las cosas sobrenaturales nunca dejaron de producir en mí un fruto notable. Estos favores celestes han dejado en mí, además de los efectos propios de cada favor, estos tres efectos principales: un admirable conocimiento de Dios y de su incomprensible grandeza; un gran conocimiento de mí mismo y un profundo sentimiento de humildad al reconocerme tan atrevido al ofender a un padre tan santo; y un gran desprecio de todas las cosas de la tierra y un gran amor a Dios y a la virtud.
Reconozco también que, de estos tesoros celestes, me ha venido un grandísimo deseo de tratar con las personas que más han avanzado en los caminos de la perfección. Las amo tanto porque me parece que me ayudan mucho a amar al autor de todas las maravillas, Dios. Me siento también muy impulsado a abandonarme del todo en la providencia; y ya no me preocupan las cosas, sean prósperas o adversas; y todo esto tiene lugar sin ansiedad ni preocupación.
(1 de noviembre de 1913, al P. Benedetto da San Marco in Lamis, Ep. I, 420)


