14 de septiembre
Ruega para que este Amante divino, este amado Esposo de nuestras almas, complete la obra de gracia que ha comenzado en mí, pobrecito. En mí, su pobre y mezquina criatura, a quien, desde el nacimiento, ha dado pruebas de una predilección especialísima; me ha demostrado que Él no sólo habría sido mi salvador, mi sumo bienhechor, sino también el amigo devoto, sincero y fiel, el amigo de corazón, el eterno e infinito amor, el consuelo, la alegría, el alivio, todo mi tesoro.
Y yo, ¡ay!, entre tanto, quizá inocente e inconscientemente, orientaba mi corazón, siempre abrasado de amor por el Todo y por todo, a las criaturas que me eran placenteras y agradables. Él, que siempre ha velado por mí, me reprendía internamente; me reprochaba, paternamente, dulcemente sí, pero era el reproche que escuchaba el alma.
(Noviembre de 1922, a las hermanas Campanile, Ep. III, 1005)


